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Semana Mundial de la Lactancia Materna (del 1 al 7 de agosto)


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Y llegó el DESTETE

Esto lo escribí hace casi dos años. Lo recupero del baúl de la nostalgia. ---------------------------- Teta, teta y teta. Yo no era más que dos tetas. Primero para ella; después, para ambos; al final solo para él. La teta fue principio. Oxitocina pura. Fue conexión animal, fue pasión. La teta fue refugio y calma y cura. Fue puente, abrazo y calidez. La teta fue hogar, de noche y de día. Durante algo más de seis años y medio mis tetas no fueron mías: fueron nuestras, un nexo que nos convertía en «nosotros» para, lentamente, dar paso al «ellos y yo». El destete fue gradual y lo más natural posible. Digo «natural» porque suena ideal dejar que ellos decidan cuándo dejarla, pero lo cierto es que la agitación me hizo poner límites: primero en el tándem y luego a él. Aun así conseguimos llegar al final sin traumas. El «final», como si fuera una meta. En absoluto. Jaleo llevaba una época cogiéndolo solo cada dos o tres días, antes de dormir, pero en cuanto se metía el pezón en la boca decía «n...

Balanceos

Las vacaciones están costando.  Tener tiempo libre implica que la mente es libre también de alejarse, de deambular por caminos cerrados en la cotidianía. Salvo por nosotros, el parque está desierto. Me columpio y cierro los ojos. Adelante y atrás. Escucho el tráfico de la carretera, que está arriba, a la izquierda. Es notorio hoy, pese a que es sábado y que estamos en un pueblo tranquilo. Aquí abajo, cerca, el graznido de las ocas. A la izquierda, un mirlo parlotea; su animada charla se mezcla con el más o menos rítmico vaivén de la pelota de ping-pong que se lanzan Jaleo y su padre. Algo más lejos, Jiribilla dibuja en su cuaderno.  Adelante y atrás. Las piernas se estiran, se recogen, mantienen la cadencia. Es importante concentrarse en la cadencia; si dejo de hacerlo corro el riesgo de que el pensamiento escape. Podría irse hacia la pantalla, a la imagen inerte, a lo que pudo haber sido. Adelante y atrás. No me concentro lo suficiente. Y allá va, el pensamiento; a la desbord...

«Él tiene más paciencia»

«Él tiene más paciencia», dijo la madre a jornada completa.  Hoy volví a escucharlo. «Él tiene más paciencia». Qué casualidad: este comentario siempre lo sueltan las madres 'full time', esas que no trabajan fuera de casa y se dedican «solo» a la crianza. Hablan de sus maridos, de sus parejas. Al parecer ellos tienen más paciencia con sus hijas e hijos. Ajá. Se me ocurre que es más fácil ser paciente cuando has tenido tu cuerpo y tu mente para ti durante unas horas. Cuando todo tu ser, físico e inmaterial, no ha estado a plena disposición de otra persona que depende de ti. Cuando no has tenido que atender demandas continuas de una o más niñas durante todo el día. Es más fácil tomarlo con calma cuando no has tenido que limpiar un culo mientras haces comidas y coladas, vigilando que el perro no meta el morro en el orinal —sí, tenemos un perro comemierda—. Y, por supuesto, intentando mantener algo de paz visual a lo 'KonMari' recogiendo juguetes y eliminando pegotes del mob...