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Mostrando entradas de enero, 2016

Oda al colecho

A ¿nadie? le amarga un dulce

Esta tarde debí colarme accidentalmente por una grieta espaciotemporal, porque de repente me encontré en el mundo del revés. Hubo una clara perturbación en la lógica.

Cuando era pequeña me obligaban a comer ciertas cosas que no me gustaban nada de nada. Imagino que como a la mayoría de los niños. Estos alimentos eran, por lo general, verduras y frutas, consideradas saludables y necesarias. Hasta hace no mucho veía lógico eso de obligar a comer a los niños; después de todo la verdura es sana y hay que comérsela, qué caray. Pero bueno, esta barbaridad para otro día. (Adelanto: NO hay que obligar a comer a un niño).

Hoy solo quería comentar la aberración que contemplé esta tarde: cuando lo que obligan a comer al niño es precisamente lo menos necesario.

Me encontraba en un establecimiento destinado a la venta de exquisiteces por peso –y cuando digo «exquisiteces» me refiero a basurillas azucaradas por un lado y almendras, nueces y demás manjares por otro. Yo estaba allí por lo insano del …