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Mostrando entradas de agosto, 2016

Positivo. Oh, positivo.

Vértigo. Y una brevemente asfixiante sensación de culpa.

Eso sentí al ver el positivo.

Culpa.

Jiribilla en plena crisis de los dos años, inseparable de su teta, inconsolable por alguien que no sea mamá. Mamá, que es la única capacitada para empujar la silla de paseo. Mamá, que es la única que puede leerle cuentos. Mamá, la única que puede darle la comida cuando no quiere empuñar ella los cubiertos. Que ose otra persona sustituirme en estos menesteres, ¡ja! Mamá. Mamá. MAMÁ.

Culpa.

Si antes vivía cansada, estas primeras semanas son de locura. Me arrastro como una sombra de una sombra de mí misma. (Qué digo... Mi sombra se ha quedado durmiendo, que ella puede). Lucho por mantener los ojos abiertos, aunque Jiribilla es la mejor alarma: en cuanto ve que los entrecierro un poco, acerca sutilmente su cabecita a mi cara moribunda y grita: «MAMÁÁ-MAMÁÁÁ-MAMÁÁÁ, nooooo». Traduzco: «No puedes dormirte, madrecita querida, hay todo un mundo por explorar, aunque hayamos ejecutado el mismo juego ci…