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Los libros, mis niños y yo

Están por todas partes. Los libros. En el salón, en esta habitación, en la  otra, junto a la cama, en el baño  –para los momentos de intimidad, bueno, la de Jiribilla, porque Jaleo sigue exigiendo mi presencia en esos ratos. Eso sí, me pide que le lea mientras evacúa –... Incluso tenemos una caja aparte destinada a los libros de la biblioteca. Están por todas partes y siempre han estado ahí, como pieza fundamental de mi vida. Y luego de la de mi propia familia.  Cuando me quedé embarazada fue una de las cosas que más ilusión me hizo: saber que podría leerle. Quería leerle cuentos, contarle historias. Antes de que naciera comencé a hacer acopio de libros en una tienda de segunda mano. Para mi primer cumpleaños como madre  – Jiribilla tendría un mes –  pedí un libro para todos; Él apareció con  ¡Voy a comedte!,  recomendado por una de las libreras de mi  librería preferida .   Fue el primer libro nuevecito de la colección. Han pasado casi siete...

Seis años, tres años

Jiribilla cumplió en agosto. Los cumplimos: yo, seis años de madre; ella, seis años de vida, de hija, de nieta, sobrina, de hermana futura y presente, de amiga, exploradora, inventora, reina, bailarina, dinosaurio, narradora... Más de un lustro. Sin embargo, cuando evoco esos primeros días parece que realmente fue ayer. Su pequeñísimo tamaño en mis brazos, su olor, el chute de oxitocina, el amor desmesurado, la brutal fascinación por esa criatura... Durante las tetadas interminables la miraba, la contemplaba, nunca me cansaba de observarla, de hacerle fotos, deseando con toda mi alma que nunca se destetara. Ahora sé que lo que quería era que esa sensación no terminara nunca, con o sin teta. La sensación de plenitud, de corazón desbordante, de «esta pasión no me cabe dentro». Por supuesto, la teta acabó. En concreto, terminó este año, durante el confinamiento, con poco más de cinco años y medio. Ya llevaba un tiempo tomando muy poco, pedía una vez a la semana, o cada dos.  Con Jirib...