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Adiós, diente, adiós

No, Jiribilla no se ha pegado un trompazo y su diente ha salido volando, no.

Simplemente ha sucedido.

Su primer diente de leche que se va.

Pensé que ocurriría más tarde, no a sus cinco añitos. Era algo que quedaba lejos, como cuando no mantenía erguida la cabeza y yo pensaba que ese momento no llegaría nunca.

Como cuando no se mantenía sentaba y me parecía que quedaba tan lejana esa posibilidad.

Como cuando no caminaba y yo no veía la hora, no me la imaginaba desplazándose de forma autónoma y bípeda.

Como cuando no hablaba y me parecía irreal que alguna vez pudiera tener una voz propia y la escucharía y conversaríamos y que hasta tendría ganas de pedirle que parase de hablar, por dios, un minuto de silencio.

Como cuando no quiera estar con mamá. Todavía no. Todavía NO.

Una semana llevaba moviéndose un poquito hasta que ayer, ÑAM, al morder un plátano se le aflojó de golpe. No lo vi, pero me contaron que hubo derramamiento de sangre, que hubo llanto, que hubo pánico. Hubo petición de l…
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BUM mental

¿Les ha ocurrido alguna vez estar eso de ya acostadas, intentando relajarse para dormir, cuando de pronto un pensamiento las atraviesa con tal intensidad que ya no pegan ojo? Un bum mental en toda regla. Una está echada tan ricamente, dispuesta a dar la bienvenida al sueño, y entonces ese recuerdo, esa idea, ese pensamiento sorprende y trae consigo una lluvia de adrenalina. Todo el cuerpo despierta de golpe. El corazón galopa. Los ojos, como platos. Y ya sabes que esa noche no pegarás ojo. Deseas tener el móvil cargadito de batería y encontrar artículos lo bastante aburridos para hacer una vulgar intentona de llamar a Morfeo.
Eso me pasó hace unos días. No llegó exactamente como un pensamiento, sino como una sensación. En el bajo vientre. Unas punzadas. Me centré en ella porque no era habitual. ¿Y por qué no es habitual?, pensé. Ah, sí, es la misma sensación que tuve al poco de intentar crear a Jiribilla y Jaleo.
BUM.
Ahí, exactamente ahí tuvo lugar el bum.
Embarazo.
La primera vez que e…

La primera regla después el embarazo

Veintiséis meses.

Veintiséis meses ha tardado en venirme la menstruación. Me había olvidado de lo maldita que es. Con Jiribilla volvió a los dieciséis meses. Se ve que Jaleo es más mamoncete. El tándem también habrá tenido que ver, aunque es cada vez menos frecuente...

Es normal que muchas personas se extrañen al saber que hay madres a las que no les ha venido la regla meses, e incluso años, después de dar a luz. Partiendo de que cada mujer, cada cuerpo y cada situación son únicos, esto funciona así: tras nacer el bebé, al expulsar la placenta, se dispara la producción de prolactina. Esta es la hormona responsable de la producción de leche materna. El aumento de prolactina va ligado a una disminución de los estrógenos y la progesterona, que son responsables del ciclo menstrual. Con esos niveles bajos de estrógenos y progesterona se inhibe la ovulación, y sin ovulación no hay regla.

La frecuencia de las tomas, sobre todo durante los primeros seis meses, hace que el nivel de prolactina …

Pero crecerá

Crecerá. Ya lo verás.
Y esa cabecita que ahora andas sujetando con sumo cuidado, todo el tiempo, y que no te deja una mano libre, se sostendrá. Alzará la cabeza. Ella sola. Él solo. Ya lo verás.
Se sentará. Caminará. Correrá y hasta saltará. Balbuceará, gritará, hablará. Por largos ratos no se callará. Se hará entender y entenderá. Llorará, reirá También -oh, sí- dormirá. Y hasta alguna mañana la tendrás que despertar. Y te buscará. Te besará y te abrazará.
Sí, ¡crecerá!

Silencio, silencio

Ser madre que trabaja fuera de casa o ser madre a jornada completa: ¿qué es más duro? La eterna disputa. Una amiga que trabajaba fuera me comentó una vez que lo malo de su situación es que cuando volvía del trabajo todavía tenía que hacer todo lo de la casa: cocinar, coladas, etc. «Ah», pensé yo, «¿es que se supone que tengo que tenerlo todo hecho por no trabajar fuera?». Y le respondí: «Pues no sé si tus hijas se entretienen solas, pero lo que son los míos me reclaman TO-DO-EL-TIEM-PO». Y ahí podríamos haber empezado a intercambiar puntos de vista, pero no pudimos. Interferencias infantiles, ya ustedes saben. Las conversaciones imposibles y todo eso.

El caso es que hay un hecho innegable: muchas veces, la madre que no trabaja fuera se ve inmersa en un aislamiento social brutal. La única interacción que tiene con otra persona adulta es con su pareja. Y en ocasiones ni siquiera es satisfactoria, no se puede hablar con calma, atrás quedaron las conversaciones relajadas. Ahora es un «ráp…

¿Remedio para la agitación? Asimetría

Finalmente di con un remedio para la agitación (mi experiencia con esa maldita aquí) y puedo ofrecer a Jiribilla un rato tranquilo de teta por las mañanas.

Iré al grano: reservar-una-teta. Por las noches Jaleo solo toma de una, mientras la otra se llena para ella. Así, cuando toma del pecho lleno, me molesta menos.

Esta soy yo al levantarme (retrato cortesía de Jiribilla).

A buen entendedor...


Examen sorpresa

Cada día nos hacen un examen sin nosotras saberlo. Las madres juzgan a otras madres en cada aspecto de la crianza: mimos, lactancia, colecho, alimentación, porteo, autoritarismo...

Pero lo he escrito mal. Quería decir que las madres juzgamos a otras madres. Yo no me salvo. Veo a una madre sobornando a su hija con gusanitos para conseguir que camine y juzgo; observo cómo un padre pega un grito a su hijo por cualquier motivo y juzgo. Cada vez lo hago menos, porque yo también he pegado chillidos, también he sobornado con comida –aunque intento hacerlo con cosas anodinas para otros, como arándanos o «galletas» de plátano y avena, no deja de ser un soborno–. Tendemos a pensar que cuando nosotras lo hacemos es la excepción, y cuando lo hacen otras es la norma. Y juzgamos.

Un día Jaleo gateaba libremente en una plaza. Una mujer que contemplaba la escena se acercó a nosotros: «¡Menos mal! Qué alegría ver a unos padres dejando gatear al bebé. Enhorabuena». La madre insegura que hay en mí se sin…