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Libros «de madre»: lactancia


Todo va unido.

Lactancia, colecho, porteo, BLW. Respeto. Una cosa lleva a la otra.

Yo no quería ser madre, pero luego quise. Y antes de serlo mi idea de la maternidad era opuesta a la que tengo ahora. Creía en lo que yo había vivido y lo que conocía: tortazo a tiempo, dejar llorar, etc. Lo único que tenía claro es que daría el pecho, quizás porque estudié Biología y me decanté por la rama animal, y me sentía mamífera porque mamífera soy. Pero había en mí una mescolanza de cultura e instinto que me nublaba la razón.

Entonces llegó Jiribilla. Y cuando terminaba con la teta y yo la dejaba dormida eso creía yo en la cuna para ir a comer, y ella rompía a llorar, y mi madre me decía que la dejara, que por diez minutos no le iba a pasar nada… yo… no podía. Todo mi cuerpo rechazaba la posibilidad de ignorar el llanto, así que acudía a ella. Acudí a ella una y mil veces. Y a partir de ahí me informé.

No tuve tribu presencial. En los primeros tiempos de maternaje la tribu la encontré en Facebook: era mi ventana al mundo. Durante esas tetadas interminables había ratos de embelesarme mirando a mi maravillosa lamprea, de sacarle fotos y vídeos pegadita a mí, y ratos de sumergirme en Facebook. Me metía en grupos de crianza, leía experiencias, opiniones, artículos, recomendaciones… Y, oye, muchas cosas cuadraban. Todo iba unido. Si das el pecho es lógico hacer colecho y portear. Y si respetas su ritmo de alimentación y sueño, ¿por qué no seguir respetándolo cuando comienza a comer otras cosas? Y descubrí el BLW. Y más cosas, más. Y me volví friqui. Así que puedo decir que, en cierto modo, Facebook me descubrió la crianza respetuosa. Sobre todo a través de los libros que recomendaban en los grupos. Me hice con un montoncito de ellos. En esa época, cuando las tetadas todavía eran largas, había tiempo para leer.

El primer libro de madre que leí fue Un regalo para toda la vida, de Carlos González. Gracias a él entendí que es normal que el bebé se pase día y noche pegado al pecho. Pero no es solamente un compendio de consejos sobre lactancia; es un verdadero compañero de viaje en esto de la maternidad. Es un libro, además, lleno de reflexiones que a mí me parecen del todo acertadas, como esta:

Si quiere usted llevar a su hijo en brazos, o darle el pecho, hágalo. Si quiere dejar de trabajar durante meses o años para cuidarlo, o rechaza una magnífica oportunidad de trabajo en el extranjero para estar con su familia, hágalo. Pero solo si quiere. Si no quiere, pues no lo haga. Decir: «He sacrificado mi carrera profesional para estar con mi hijo» es tan absurdo como: «He sacrificado la relación con mi hijo por mi carrera». No son sacrificios, son elecciones. Elija lo que en cada momento le parezca mejor, y ya está. Quien hace lo que quiere no está renunciando, sino logrando; no se sacrifica, sino que triunfa. 

El matiz es importante, porque quien hace (o cree hacer, o quiere creer que hace) un sacrificio lo hace, por definición, con gran repugnancia. No se considera pagado, cree que le deben algo. Tarde o temprano tendrá usted conflictos con sus hijos. En esos momentos, quienes creen haberse sacrificado piensan (o lo que es peor, dicen): «Parece mentira, después de todo lo que he hecho por ti» o «por tu culpa, yo no pude llegar a...». Las palabras, una vez pronunciadas, no pueden recogerse. En cambio, los que son conscientes de haber hecho lo que deseaban más bien piensan: «Que lástima que después de todos los años de felicidad que me has dado, ahora tengamos un conflicto» o «gracias a ti he disfrutado del privilegio de ser padre». O, lo que es mejor, lo dicen. 

En resumen, que como regalo para una futura madre es una verdadera joya. Vamos, yo lo habría valorado muchísimo más que los esterilizadores de biberón y chupetes que me regalaron y que jamás usé.


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