Ir al contenido principal

Stay At Home Mom

Veo últimamente muchos posts sobre las SAHM, o sea, las Stay At Home Moms, madres que se quedan en casa. Vamos, que no trabajan fuera porque se dedican a criar a la prole. Pero que sí que trabajan, claro. Estos posts hablan de lo duro que es encargarse no solo de las criaturas, sino de las tareas domésticas: preparar la comida, hacer la colada, limpiar la casa, hacer la compra... Lo que viene siendo «ama de casa» de toda la vida.

Mi duda es: si yo no hago prácticamente nada de esto porque NO ME DA LA VIDA, porque con la mayor y el menor tengo las manos llenas, la cabeza ocupada y dispersa, el cuerpo exhausto y el alma en coma, ¿soy una SAHM? Es más, si literalmente no me quedo dentro de la casa porque se me cae encima y estamos casi todo el día en la calle, ¿soy menos SAHM todavía?

Admiro a todas estas personas que, además de encargarse de sus hijas, consiguen hacer todas esas tareas. De verdad, de verdad, que me cuenten el secreto. Sé que hay niños más demandantes que otros, que los hay que se entretienen un buen rato solos, que algunas permanecen en la cocina junto a su madre mientras esta cocina o haciendo otros menesteres, colaborando incluso. Pero yo, lo que soy yo, puedo darme con un canto en los dientes si consigo una mano libre para hacer una comida, o poner una lavadora, o dar un barrido rápido para eliminar pelo de perro. (Espera... ¿Pelo de perro? Ah, sí, tenemos de esos). Imagino que no soy una SAHM, sino una M, a secas.

Recuerdo cuando una amiga me dijo que estoy así (cansada y viviendo en cochiquera) porque yo lo he elegido, refiriéndose al estilo de crianza. Cierto. Imagino que si optara por priorizar las tareas de casa conseguiría hacer algo, pero no quiero pagar ese precio. Mi ahora es principalmente para ellos, mientras pueda.

¿Soy la única M que hay por aquí o todas se apañan para hacer «algo más»?

SAHM
Yo, en bonito.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Y llegó el DESTETE

Esto lo escribí hace casi dos años. Lo recupero del baúl de la nostalgia. ---------------------------- Teta, teta y teta. Yo no era más que dos tetas. Primero para ella; después, para ambos; al final solo para él. La teta fue principio. Oxitocina pura. Fue conexión animal, fue pasión. La teta fue refugio y calma y cura. Fue puente, abrazo y calidez. La teta fue hogar, de noche y de día. Durante algo más de seis años y medio mis tetas no fueron mías: fueron nuestras, un nexo que nos convertía en «nosotros» para, lentamente, dar paso al «ellos y yo». El destete fue gradual y lo más natural posible. Digo «natural» porque suena ideal dejar que ellos decidan cuándo dejarla, pero lo cierto es que la agitación me hizo poner límites: primero en el tándem y luego a él. Aun así conseguimos llegar al final sin traumas. El «final», como si fuera una meta. En absoluto. Jaleo llevaba una época cogiéndolo solo cada dos o tres días, antes de dormir, pero en cuanto se metía el pezón en la boca decía «n...

Balanceos

Las vacaciones están costando.  Tener tiempo libre implica que la mente es libre también de alejarse, de deambular por caminos cerrados en la cotidianía. Salvo por nosotros, el parque está desierto. Me columpio y cierro los ojos. Adelante y atrás. Escucho el tráfico de la carretera, que está arriba, a la izquierda. Es notorio hoy, pese a que es sábado y que estamos en un pueblo tranquilo. Aquí abajo, cerca, el graznido de las ocas. A la izquierda, un mirlo parlotea; su animada charla se mezcla con el más o menos rítmico vaivén de la pelota de ping-pong que se lanzan Jaleo y su padre. Algo más lejos, Jiribilla dibuja en su cuaderno.  Adelante y atrás. Las piernas se estiran, se recogen, mantienen la cadencia. Es importante concentrarse en la cadencia; si dejo de hacerlo corro el riesgo de que el pensamiento escape. Podría irse hacia la pantalla, a la imagen inerte, a lo que pudo haber sido. Adelante y atrás. No me concentro lo suficiente. Y allá va, el pensamiento; a la desbord...

Seis años, tres años

Jiribilla cumplió en agosto. Los cumplimos: yo, seis años de madre; ella, seis años de vida, de hija, de nieta, sobrina, de hermana futura y presente, de amiga, exploradora, inventora, reina, bailarina, dinosaurio, narradora... Más de un lustro. Sin embargo, cuando evoco esos primeros días parece que realmente fue ayer. Su pequeñísimo tamaño en mis brazos, su olor, el chute de oxitocina, el amor desmesurado, la brutal fascinación por esa criatura... Durante las tetadas interminables la miraba, la contemplaba, nunca me cansaba de observarla, de hacerle fotos, deseando con toda mi alma que nunca se destetara. Ahora sé que lo que quería era que esa sensación no terminara nunca, con o sin teta. La sensación de plenitud, de corazón desbordante, de «esta pasión no me cabe dentro». Por supuesto, la teta acabó. En concreto, terminó este año, durante el confinamiento, con poco más de cinco años y medio. Ya llevaba un tiempo tomando muy poco, pedía una vez a la semana, o cada dos.  Con Jirib...